Desde niña he sido muy perseverante. De esas que, cuando algo se les mete en la cabeza, no lo sueltan. Mi mamá lo puede confirmar. 😅 Y hay algo que nunca he soltado, aunque durante muchos años lo dejé guardado en un cajón: el arte.
Siempre estuvo ahí. De niña dibujaba, pintaba y llenaba cuadernos de colores. Luego crecí, empecé a trabajar y la vida me fue llevando por otros caminos. Pero el arte siguió vivo dentro de mí, en silencio, esperando su momento.
El día que me di cuenta
Durante varios años viví la rutina de muchas personas: levantarme, ir al trabajo, cumplir horarios, regresar cansada y repetir. Trabajé como empleada unos seis años, y aunque aprendí muchísimo, había algo dentro de mí que no estaba en paz.
Después me cambié a otra área donde trabajaba por comisiones. Había cosas que me gustaban, pero nunca sentí del todo que fuera mi vocación. Y la verdad, hasta hoy me lo sigo preguntando.
Un día me cayó el veinte de algo que suena muy obvio, pero que casi nunca pensamos de verdad: algún día me voy a morir. Y la vida pasa tan rápido que, si no tienes cuidado, se te pueden ir los mejores años esperando el momento perfecto.
Me puse a pensar en todas las cosas que no había hecho. Unas por indecisión, otras por miedo y otras por estar pendiente de lo que fueran a decir los demás. Y eso me dolió.
Llegó un punto en el que ya no pude más. Se juntó el cansancio de la rutina con situaciones personales muy difíciles, de esas que te mueven el piso. Y en medio de todo eso me dije: "Ya. Tengo que ser valiente. Si no es ahora, ¿cuándo?"
Aventarse, aunque no esté todo claro
No soy tan grande, quizás estoy a la mitad de mi vida. Pero en los muchos o pocos años que llevo trabajando, viviendo y equivocándome, he aprendido algunas cosas que hoy quiero compartir contigo.
Sé lo que se siente tener miedo de crear. Sentirte insegura, dudar de si eres suficiente, de si a alguien le va a gustar lo que haces. Ese miedo no se va del todo, pero aprendí a caminar con él.

Creo que somos cocreadores con Dios. Él pone la semilla, pero nos toca a nosotros regarla, movernos y dar el primer paso. Y muchas veces ese paso hay que darlo sin tener todo definido. No vas a tener el plan perfecto ni todas las respuestas. A veces simplemente te tienes que aventar.
Me he equivocado, y mucho. Pero cada error me ha enseñado algo que no hubiera aprendido de otra forma. Y si me toca empezar de cero, empiezo de cero. Ya lo he hecho antes, y lo volvería a hacer.
Lo que me sostiene es la fe y la esperanza. Saber que no estoy sola en esto y que, si algo nace del corazón, vale la pena intentarlo.
La voz que siempre sabe
Algo muy importante para mí es ser fiel a mi palabra. No siempre lo he logrado. En el pasado he fallado y me he quedado a medias en cosas que dije que haría. Pero hoy decidí algo diferente: cumplir lo que digo que voy a hacer. No porque nunca me haya equivocado, sino justamente porque sí lo hice y aprendí de eso. Y ese compromiso empieza conmigo misma.
También aprendí a escuchar mi intuición. Esa vocecita que a veces ignoramos, pero que casi siempre tiene la razón. Cuando no le he hecho caso, me he arrepentido. Cuando la he seguido, aunque me dé miedo, las cosas se acomodan.
Encontrar la belleza en lo pequeño
Así nació SheMark. Como una forma de volver a mí, a lo que siempre me hizo feliz.
Me gusta encontrar belleza en las cosas pequeñas. En un atardecer, en una flor, en el reflejo del mar o en la forma de una concha. Son detalles que pasan desapercibidos cuando vamos corriendo, pero que, cuando te detienes a verlos, te llenan el alma.

Mis pinturas se inspiran en eso:
- Los paisajes de Los Cabos: sus montañas, su cielo y esos colores que solo se ven aquí.
- Lo femenino: las flores, los tonos lilas, rosas y morados, las sirenas y todo lo místico, lo que parece sacado de un cuento.
- El mar: las ostras, las conchas, los peces y los arrecifes de coral.

Una extensión de mi alma
SheMark es una extensión de mi alma. Cada pieza lleva un pedacito de lo que soy, de lo que he vivido y de lo que sueño.
Mi propósito es que, al ver mi arte, conectes con tu esencia y te des un momento para disfrutar la vida, aunque sea por un instante. Porque la vida es hoy.

Y si tú también tienes algo guardado en un cajón, un sueño o una idea que no te has atrevido a sacar, ojalá esta historia te dé un empujoncito. No tiene que estar todo claro. Solo tienes que atreverte.
Con cariño,
Sheyla 💜